El pie, cura y cuidado                                                

                 

    Consejos prácticos:

Después de haberse lavado los pies, siéntese y examine sus pies en un lugar bien iluminado. Puede utilizar un espejo.

Empezar entre los dedos y terminar por la planta.

Observar que sus pies tengan un aspecto normal y habitual.

Cualquier traumatismo puede ser una vía de entrada a un futuro problema.

Acuda al podólogo ante la aparición de durezas, heridas o cambios en el aspecto de los pies...

Higiene diaria de

los pies:

Lave sus pies diariamente con agua templada y jabón neutro. Además del dorso y la planta del pie preste atención a los espacios interdigitales, ya que por no tener prácticamente movilidad, pueden constituir un reservorio de microorganismos que producen infecciones y alteraciones (hongos, fisuras, grietas...)

Debe secar bien los pies, teniendo especial atención a las zonas entre los dedos.

Hágalo con una toalla suave. Puede utilizar un secador de pelo a baja temperatura.

Un pequeño masaje con crema hidratante, aumenta el bienestar y la hidratación después del lavado diario. Evite dejar crema entre los dedos.

Corte de uñas:

Si tiene que cortarse las uñas, córteselas siempre rectas. Debe evitarse cortarlas con forma redondeada, ya que esto influye en la aparición de uñas incarnadas que son muy dolorosas.

Medias y calcetines:

Es recomendable utilizar medias o calcetines de algodón, lana o hilo para que los pies tengan el abrigo adecuado y se les permita la transpiración. Cambie de calcetines o medias a diario.

Se deberán ajustar al pie de manera que no queden pliegues, ni demasiado estrechos que dificulten la circulación.

Evite andar descalzo por lugares públicos como, playas, gimnasios, piscinas... Utilice sandalias de agua.

Utilice calzado correcto:

El calzado debe estar confeccionado con materiales nobles (piel, lona...) y no con materiales que impidan la transpiración, como gomas y plásticos.

Suela de material flexible y amortiguado, no resbaladizo.

El zapato debe sujetar al pie por el talón y una anchura suficiente para no comprimir los dedos.

El tacón no debe ser muy alto (max. 4 cm) y debe tener una base suficiente que permita apoyo firme del talón al andar.

El calzado será preferiblemente con cordones, ya que permite ajustar el zapato al volumen de cada pie, cosa que no ocurre con los de tipo mocasín.

Cuidados especiales para el paciente diabético:

Inspeccione sus pies diariamente, compruebe que no haya lesiones ni ampollas. Use espejo para observar la planta de los pies. Solicite ayuda si usted no puede.

Lleve calcetines con los zapatos para evitar rozaduras.

Vigile el interior del calzado por si hubiera cuerpos extraños.

Lleve zapatos de piel y cámbieselos frecuentemente.

No ande nunca descalzo, ni siquiera en la playa, piscina o gimnasios.

No se quite usted los callos, ni use ácidos, ni callicidas, acuda directamente al podólogo.

Córtese las uñas rectas y límeselas.

Controle su diabetes y no fume.

La importancia del calzado en un diabético:

Se debe comprar a última hora del día, cuando los pies están más hinchados.

Tiene que ser transpirables, preferiblemente de piel.

Será blando y ligero.

Debe llevar suela antideslizante y flexible.

El calzado debe ajustarse al pie. Nunca el pie al calzado.

El tacón no será superior a 2, 3 cms en hombres, 4 en mujeres.

La puntera no debe ser ni demasiado ancha ni estrecha.

Preferiblemente atado con cordones, o de pala alta para que quede bien sujeto.

No debe llevarse calzado nuevo durante más de 30 minutos o 1 hora los primeros días de su compra.

Lustrarlos regularmente para su buena conservación.

Tener al menos 2 pares para dejar airear un par cada día.

No poner tapas metálicas que desestabilizan el andar

No usar zapatos destalonados.